La cetosis es un estado metabólico en el que el cuerpo usa más grasa como fuente de energía y produce cuerpos cetónicos. Esto no siempre es malo. Puede aparecer en ayuno, en dietas cetógenas o en ciertos contextos clínicos. El problema empieza cuando ese estado se mantiene en una persona que además, presenta mala tolerancia al estrés, sueño alterado, ritmos circadianos desordenados o una función tiroidea no optimizada. En ese escenario, la cetosis puede dejar de ser una simple adaptación y convertirse en una señal de que el cuerpo no está funcionando correctamente.
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ToggleCuando el cuerpo empieza a tirar de la grasa porque no regula bien la energía
El organismo necesita mantener un suministro energético estable durante todo el día. Para ello dependen la glucosa, el glucógeno hepático, el hígado, las hormonas del estrés y la función tiroidea. Si ese sistema falla, el cuerpo puede verse forzado a recurrir cada vez más a la grasa como combustible y a producir cuerpos cetónicos como vía alternativa.
No siempre se entra en cetosis porque “todo va bien”; a veces se entra porque el cuerpo no está gestionando bien la energía.
El cortisol no es el enemigo: es una hormona necesaria
Muchas veces se habla del cortisol como si fuera una hormona negativa, pero eso es una simplificación. El cortisol es fundamental para mantener la glucosa en sangre, ayudar al organismo en el ayuno, responder al estrés y mantener la disponibilidad de energía. Cuando el cortisol es insuficiente, puede aparecer una peor regulación de la glucosa y una mayor dependencia de grasas y cuerpos cetónicos.
Eso explica por qué el cortisol bajo puede favorecer una tendencia a la cetosis.
El hígado tiene mucho que ver en este proceso
El hígado es clave porque participa en el almacenamiento y la liberación de glucógeno, en la producción de glucosa y en la gestión del metabolismo de grasas y cetonas. Si la regulación hormonal no acompaña y la glucosa no se mantiene bien, el hígado pierde capacidad para sostener una respuesta energética estable. En ese contexto, la cetosis puede aumentar como vía de compensación.
No sería correcto afirmar que la cetosis prolongada daña siempre el hígado ni que lo sobrecarga de forma inevitable. La evidencia no respalda una afirmación tan categórica. Lo correcto es señalar que puede tolerarse peor o implicar un mayor riesgo en personas con fragilidad previa, enfermedad hepática, una restricción nutricional severa o alteraciones hormonales.
Qué síntomas puede dar una cetosis mantenida
Una cetosis mantenida puede asociarse a varios efectos adversos, sobre todo cuando la dieta está mal planteada o la persona no es buena candidata para sostenerla. Entre los síntomas más descritos están la fatiga, el dolor de cabeza, las náuseas, las molestias digestivas, la poliuria, el estreñimiento y la hipoglucemia transitoria. No le pasa a todo el mundo, pero son efectos suficientemente conocidos como para no tomárselos a la ligera.
En mi caso, cuando llevo unas semana en cetosis, mi tiroides no lo tolera bien y la glucosa en sangre sale en analítica alterada.
Otro punto importante es la pérdida de agua y electrolitos. La cetosis puede favorecer la eliminación de sodio y líquidos, y eso puede traducirse en mareos, debilidad, calambres, peor rendimiento físico, palpitaciones o sensación de inestabilidad. Si la persona además duerme mal, está estresada o tiene poca reserva física, el impacto puede ser mayor.
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El sueño y los ritmos circadianos pueden empeorarlo todo
El cortisol sigue un ritmo circadiano. Lo normal es que esté más alto por la mañana y vaya descendiendo a lo largo del día. Cuando el sueño está alterado, hay horarios desordenados, exceso de luz nocturna o estrés crónico, esa señal biológica puede deteriorarse. Y cuando se altera esa señal, también se resienten la energía, la regulación de glucosa, el apetito y la capacidad de recuperación.
Por eso, en una persona con sueño poco reparador, cansancio persistente, peor tolerancia al ayuno y presencia de cuerpos cetónicos, no conviene mirar solo la dieta. Muchas veces el problema es más profundo y tiene que ver con una regulación neuroendocrina desordenada. En ese contexto, la cetosis puede ser más una consecuencia del problema que la causa principal.
La tiroides tampoco puede analizarse sola
La función tiroidea está conectada con la respuesta al estrés, con el sueño y con la producción de energía. Por eso, una mejora parcial de la TSH no siempre significa que la persona ya haya recuperado una función metabólica buena. Puede haber cierta mejoría analítica y aun así, persistir la fatiga, la mala tolerancia al ayuno, la debilidad o la sensación de no rendir bien.
En otras palabras, la tiroides no va por libre. Si el contexto hormonal general está alterado, especialmente por estrés mantenido y peor regulación del cortisol, la eficiencia metabólica puede seguir siendo baja aunque algún valor del análisis haya mejorado.
Qué pasa con el corazón, el hueso y el riñón
En salud cardiovascular no se debe simplificar. Algunas personas mejoran ciertos marcadores con dietas cetógenas, pero otras pueden elevar de forma clara el colesterol LDL. La literatura reciente insiste en que existe mucha variabilidad y que la respuesta depende del perfil metabólico previo, del tipo de grasas consumidas y de la duración.
Con la salud ósea tampoco conviene exagerar. No se puede afirmar que la cetosis prolongada provoque siempre pérdida de masa ósea. La revisión sistemática de 2023 no encontró cambios significativos en densidad mineral ósea ni un efecto significativo sobre la resorción ósea en los estudios revisados. Es recomendable hacer un seguimiento, sobre todo si existe riesgo previo, pérdida rápida de peso o una dieta deficitaria.
Respecto al riñón, una revisión sistemática y metaanálisis de 2021 estimó una incidencia de cálculos renales del 5,9% en personas que siguen dieta cetogénica. No significa que vaya a ocurrir siempre, pero sí obliga a vigilar más si hay predisposición renal, deshidratación o antecedentes de litiasis.
Qué nos está diciendo realmente este cuadro
Cuando coinciden cetosis, estrés mantenido, mala calidad de sueño, sospecha de cortisol bajo y una función tiroidea no del todo optimizada, lo más razonable es pensar que el organismo está teniendo dificultades para mantener una homeostasis energética estable. No significa automáticamente que la cetosis sea mala. Significa que el cuerpo puede estar resolviendo el día como puede, pero no necesariamente desde un equilibrio sano. La persona puede seguir funcionando, pero cada vez con menos margen. Puede haber más fatiga, peor recuperación, más fragilidad metabólica, más sensibilidad al estrés y una tendencia a cronificar la sensación de no estar bien del todo.
Cuidado con estar mucho tiempo en cetosis
La cetosis prolongada no debe interpretarse de forma aislada. En algunos casos puede ser una adaptación útil. Pero cuando aparece síntomas como sueño alterado, ritmos circadianos desordenados, sospecha de cortisol bajo y una función tiroidea baja, puede ser la señal de que el cuerpo está funcionando de forma forzada, a costa de sus reservas y con menos estabilidad de la deseable.
Por eso, lo importante no es quedarse solo con el dato de las cetonas. Hay que mirar el conjunto: sueño, estrés, hidratación, electrolitos, hígado, tiroides y capacidad real del cuerpo para sostener la energía. Cuando no se analiza ese contexto, se corre el riesgo de intentar corregir un síntoma sin entender la causa de fondo.
Sé Feliz
Pedro García.
Referencias científicas
- Dyńka D, et al. The ketogenic diet is not for everyone: contraindications, side effects, and drug interactions (PubMed)
- Bornstein SR, et al. Diagnosis and Treatment of Primary Adrenal Insufficiency: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline (PubMed)
- Hilary S, et al. Effect of ketogenic diets on lipid metabolism in adults (PubMed)
- Acharya P, et al. Incidence and Characteristics of Kidney Stones in Patients on Ketogenic Diet: A Systematic Review and Meta-Analysis (PubMed)
- Garofalo V, et al. Effects of the ketogenic diet on bone health: A systematic review (PubMed)
- StatPearls. The Ketogenic Diet: Clinical Applications, Evidence-based Indications, and Implementation (NCBI Bookshelf)












